La ingeniería argentina cumple 150 años

Esta disciplina, que comenzó a dictarse como carrera en la UBA, estuvo ligada en su origen a grandes obras de infraestructura y a diseñar una Buenos Aires tras la epidemia de fiebre amarilla de 1871. Con el tiempo, multiplicó sus ramas y abarcó nuevas especializaciones, que contemplan el desarrollo científico y tecnológico sostenible.  


Ante la necesidad de contar con profesionales para el desarrollo de obras de infraestructura, la Universidad de Buenos Aires (UBA) creó en 1865 el Departamento de Ciencias Exactas. La iniciativa impulsada durante la gestión del rector Juan María Gutiérrez abría un área para la “enseñanza de las matemáticas puras y aplicadas, y de la historia natural».

El plan de estudios constaba de 18 asignaturas: el 30 por ciento estaba vinculado al dibujo y otro 30 por ciento a las matemáticas, mientras que sólo dos materias se referían a la construcción y otras dos a la geología y mineralogía. Además, incluía conocimientos de agrimensura.

El primer graduado fue Luis Huergo. El diploma, fechado el 6 de junio de 1870, lo habilitaba como «Ingeniero de la Escuela de esta Universidad en la Facultad de Ciencias Exactas». En su homenaje, la fecha celebra el Día de la Ingeniería.

Las tesis de los primeros doce egresados –bautizados como los “doce apóstoles de la ingeniería argentina”– reflejaban sus inquietudes “por la integración de la población, la economía y el territorio nacional, en un momento en el que la idea de ‘construir la Nación’ actuaba como un paradigma clave”, detalló el historiador y docente-investigador de la UBA, Yann Cristal.

La mayoría abordaba “cuestiones vinculadas a la infraestructura vial y ferroviaria del país, como la de Luis A. Huergo sobre ‘Vías de comunicación’ o la de Guillermo White sobre ‘Construcción de puentes’”. Otras, como la de Valentín Balbín, sobre “Aguas corrientes”, o la de Luis Silveyra, sobre “Vías públicas de la ciudad de Buenos Aires”, mostraban sus preocupaciones por “garantizar las condiciones de habitabilidad de las grandes ciudades” frente a la epidemia de fiebre amarilla de 1871.

Tuvo que pasar casi medio siglo para que se recibiera, también en la UBA, la primera ingeniera de Argentina y Latinoamérica, Elisa Bachofen. El 5 de diciembre de 1918 obtuvo el título de “ingeniero” civil. Recién en 1929, cuando la Real Academia Española había aceptado la denominación femenina de la profesión, su título de “ingeniera” fue efectivizado.

Para la primera mitad del siglo XX, “en un contexto de guerras mundiales y crisis como la del ‘30, se fue afianzando la noción de lograr la ‘autonomía de la Nación’ y se crearon empresas estatales, como YPF o SOMISA, dirigidas por figuras como Enrique Mosconi y Manuel Savio”. A partir de los ’50, “se afirmó el paradigma del ‘desarrollo de la Nación’ y se desplegaron ramas, como la industria automotriz, la siderurgia o la petroquímica”, indicó Cristal al Suplemento Universidad.

En 1952, Ingeniería se constituyó en una de las Facultad de la UBA. Dieciséis años más tarde, la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) también creó una unidad académica independiente para las carreas que hasta entonces se dictaban en la Facultad de Ciencias Físicas, Matemáticas y Astronómicas, creada en 1897.

Con la fundación de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ), la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agrarias se convirtió en la primera del conurbano. En 1982 se abrió Ingeniería Industrial y en 1986 se creó la Facultad de Ingeniería como unidad académica independiente, con una oferta orientada a la producción y los procesos manufactureros que caracterizan a las PyMEs de la región.

Desde el comienzo, Ingeniería de la UBA se caracterizó por su oferta de “carreras clásicas” a nivel de grado. Hoy cuenta con 12 carreras entrelazadas, que comparte un tronco común de materias “básicas” y “ciencia de ingeniería”. A nivel de posgrado, cuenta con un amplio abanico de más de 40 especializaciones, maestrías y doctorados.

Con un promedio de graduación de 8 años y medio, uno de los grandes desafíos de la “educación en ingeniería” es “incrementar” el número de egresados, sostuvo el decano Alejandro Martínez. En tanto, el otro reto es aumentar la cantidad de estudiantes y graduadas mujeres, que en la unidad académica representan apenas un 20 por ciento, el número “más bajo de la Universidad”.

Frente a los nuevos desafíos de la enseñanza de la ingeniería, la unidad académica trabaja en la actualización de sus carreras, en el marco del “Plan 2020”. En conversación con este suplemento, Martínez afirmó que buscan “seguir promoviendo la investigación, valor histórico, clásico y distintivo de la UBA” y, a su vez, “agregarle otros”. En ese sentido, expresó: “No podemos seguir haciendo proyectos sin evaluar el impacto ambiental, energético y social”.

De cara al futuro

En su origen, la ingeniería argentina estuvo ligada a la instalación de la red ferroviaria nacional, la construcción de puertos y la realización de obras de saneamiento que contribuyeron a erradicar infecciones y epidemias. Con el paso del tiempo la familia de las ingenierías se expandió. Algunas especializaciones se convirtieron en ofertas de grado y la necesidad de contar con profesionales en nuevas áreas dio origen a otras.

“La ciencia y la técnica son pilares fundamentales para cualquier país en desarrollo. No se puede pensar en ampliar nuestra matriz productiva y de servicios sin la ingeniería.” La reflexión pertenece a la docente-investigadora y primera graduada de la carrera de Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), Andrea Gómez. Creada a fines de 1997, la carrera abrió sus puertas a la primera cohorte al año siguiente. “En esa época se vislumbraba en el país una creciente demanda de técnicos y profesionales especialistas en temas ambientales”, recordó Gómez a este suplemento.

Con sede en la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH), la oferta de grado es compartida con la Facultad de Ingeniería Química (FIQ) de la UNL y el Instituto de Desarrollo Tecnológico para la Industria Química (INTEC-CONICET). El diseño, la ejecución y la supervisión de obras y procesos para tratamiento y remediación de efluentes líquidos, sólidos y gaseosos son las principales competencias de los graduados.

“La Ingeniería Ambiental tiene el desafío de incorporar los vertiginosos cambios globales, climáticos, de uso del suelo y otros recursos, y sus potenciales impactos para integrarlos en el estudio, diseño, planificación y gestión de obras de ingeniería”, sostuvo la docente-investigadora de la UNL y agregó: “También debe tener en cuenta la implementación de tecnologías innovadoras, tanto para reducir la generación de efluentes gaseosos, líquidos o sólidos, como para el tratamiento y remediación de ambientes”.

Por su parte, la Ingeniería en Biotecnología se ocupa del procesamiento industrial de materias primas para obtener productos de mayor valor a través de la acción de la acción de catalizadores biológicos, como microorganismos, células animales o vegetales, enzimas y otros componentes. La carrera sólo se dicta en la Escuela de Producción, Tecnología y Medio Ambiente de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) a nivel de grado.

Desarrollada en conjunto con un grupo de investigadores de la licenciatura en biotecnología de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), la oferta abrió sus puertas en 2010.

La directora de la Escuela, Marcela Filippi, señaló que la “biotecnología industrial consiste en la aplicación de herramientas para buscar sustitutos naturales a los procesos químicos que se utilizan en la producción industrial”.

“La aplicación de procesos biotecnológicos es posible en muchas industrias, resultando de ellos beneficios tecnológicos, económicos y menores costos ambientales”, dijo Filippi a este suplemento y destacó que la oferta apunta a formar profesionales que ayuden a “mejorar la calidad de vida que tenemos”.

La crisis ambiental mundial exige a las ingenierías una mirada multidisciplinaria para lograr que el desarrollo científico y tecnológico sea, a su vez, sostenible.

Tecnología de punta 

Otra de las ramas de punta está ligada al desarrollo espacial y de telecomunicaciones. A principio de año, la Facultad de Ingeniería de la UNLP comenzó a dictar la carrera Aeroespacial. De ese modo, se convirtió en la primera casa de estudios del país y de la región con esta oferta académica a nivel de grado. La propuesta vino a reemplazar la carrera de Ingeniería Aeronáutica, iniciada en 1942.

Con casi 250 inscriptos, Ingeniería Aeroespacial tiene una de las mayores demandas, “sólo detrás de Civil, Industrial y Computación”, indicó el vicepresidente del Área Institucional y director del Centro Tecnológico Aeroespacial de la UNLP, Marcos Actis.

Son competencias del ingeniero aeroespacial diseñar, calcular y proyectar aeronaves, vehículos espaciales y toda máquina de vuelo; plantas propulsoras y auxiliares aeronáuticas y espaciales; sistemas de control aeronáuticos; instalaciones aeroportuarias –en aquello que afecte la operación y el funcionamiento de una aeronave y/o sus equipos–, y rutas y líneas de transporte aéreo, entre otras.

“El cambio político hace pensar que esta carrera nos dará la posibilidad de desarrollar cosas en el país”, auguró Actis y enfatizó: “Está claro que Argentina debe ser el líder en Latinoamérica del campo espacial”.

En la misma línea, el director Instituto Balseiro (IB), Mariano Cantero, manifestó que el país es uno de los líderes en el “desarrollo de las telecomunicaciones a nivel regional”. La formación de especialistas en telecomunicaciones es una de las ofertas de grado del Instituto con sede en el Centro Atómico Bariloche, que depende de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO) y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).

El proyecto de la carrera surgió en 2010 “para satisfacer la demanda de recursos especializados en el área, debido a las necesidades de los grandes proyectos estratégicos de nuestro país: radares primarios, secundarios y meteorológicos, satélites geoestacionarios y de observación de la tierra, Red Federal de Fibra Óptica de ARSAT, Televisión Digital Terrestre y Satelital, y Data Centers de ARSAT, entre otros proyectos del plan Argentina Conectada”. Dos años después comenzaron las actividades de formación, investigación, desarrollo de tecnología e innovación, “en estrecho vínculo con actores de ciencia y tecnología de relevancia, como CNEA, INVAP y ARSAT”.

Las principales áreas de desarrollo asociadas a la carrera son: “óptica no lineal aplicada, redes, sensores de fibra óptica, componentes fotónicos/optoelectrónicos, seguridad informática, comunicaciones cuánticas, radares de control aéreo y meteorológicos, procesamiento de señales”.

“La situación actual de aislamiento social, preventivo y obligatorio por la pandemia de coronavirus ha expuesto y llevado a reflexionar, entre otros muchos temas, sobre la importancia y centralidad de las telecomunicaciones en el presente y futuro”, aseguró Cantero a este suplemento.

“Nuestro país ha experimentado marchas y contramarchas debatiéndose entre ser un país industrializado o exportador de materia primas e importador de tecnología. Esta dicotomía creo que queda cada vez más claramente resuelta: Argentina debe transformarse si demoras en un país industrializado”, manifestó el director del instituto y subrayó: “Es imprescindible desarrollar políticas de Estado que trasciendan gobiernos y permitan movernos en esa dirección por décadas”.

Publicado en Página 12, Suplemento Universidad. 04-06-2020.

Publicado en Página 12, Suplemento Universidad. 04-06-2020.