Ciencia para la verdad y la justicia

En conjunto con el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), distintas universidades públicas proponen líneas de formación para fortalecer la aplicación de las ciencias forenses dentro de marcos médico-legales y humanitarios. También se enfocan en el desarrollo de las capacidades locales y la promoción del uso de estándares de investigación.


Creado en 1984 para dar respuesta a las miles de familiares que luego de la última dictadura cívico militar querían saber qué había pasado con sus seres queridos, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) se consolidó como un referente mundial. En estos 35 años, el equipo liderado por Luis Fondebrider intervino en más de 30 países y sólo en Argentina logró recuperar más de 1400 cuerpos, de los cuales casi 800 fueron identificados.

A través de la antropología forense y otras ciencias, como la patología, la odontología, la genética, la criminalística, la radiología, la antropología social y la informática, y el trabajo en estrecha colaboración con familiares y víctimas de violaciones a los derechos humanos, el EAAF contribuye a la búsqueda de la verdad y la justicia.

En el marco de su Centro Internacional de Capacitación en Ciencias Forenses, en 2017 el EAAF lanzó la Escuela Latinoamericana de Ciencias Forenses y Derechos Humanos, que ya va por su tercera edición. La capacitación se estructura en torno al relevamiento de información antemortem de las víctimas; la búsqueda y recuperación de cadáveres; el análisis postmortem; la identificación de restos humanos en casos complejos; el manejo de cadáveres en escenarios masivos y la redacción de informes periciales integrados. Se trata de una oferta dirigida a jueces, fiscales, operadores de justicia, policías científicos, médicos, criminalísticas y profesionales que se desempeñen en áreas forenses involucradas en investigaciones de búsqueda de personas y análisis de evidencia en crímenes.

Por otra parte, la institución desarrolla varias propuestas junto con universidades públicas, que van desde seminarios hasta carreras de posgrado. En el caso de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la articulación es con la cátedra de Medicina Legal y Deontología, de la Facultad de Medicina. Allí, el equipo participa en el dictado de la Especialización en Medicina Legal y del curso “Introducción a la antropología forense”, una oferta teórico práctica orientada a graduados y estudiantes avanzados, que contempla la realización de exhumaciones, el análisis de restos y el abordaje de casos complejos, como femicidios, desapariciones actuales y trata.

“La propuesta del equipo es trasladar todo el andamiaje de investigación que se aplicó a las desapariciones de la dictadura y aplicarlo a investigaciones por desapariciones actuales”, afirmó Mariana Selva, miembro del EAAF y licenciada en Ciencias Antropológicas con orientación arqueológica, al suplemento Universidad. En ese sentido, Selva hizo hincapié en las “falencias” del sistema de identificación estatal y subrayó la necesidad de una mayor “integración”. En la actualidad, el equipo también trabaja en una treintena de casos policiales estancados por desidia o falta de pruebas.

Ciencia y Justicia

En el marco del Programa de Ciencia y Justicia del CONICET, en 2016 ambos organismos firmaron un convenio de colaboración para formalizar las actividades que habían comenzado a realizar mucho antes. “El EAAF siempre fue un referente y un compañero de ruta para los que hicimos trabajos en relación con la justicia”, señaló a este Suplemento el miembro del Consejo Asesor del Programa de Ciencia y Justicia, y jefe del Grupo de Física Forense del Centro Atómico Bariloche, Rodolfo Guillermo Pregliasco.

En ese sentido, Pregliasco consideró que “el EAAF está haciendo un aporte muy grande al área forense y a los investigadores que estamos en el tema”. “Ellos han tenido una muy buena experiencia en áreas donde tenemos mucho por hacer”, expresó el investigador del CONICET, para quien los desafíos en la materia son “organizar grupos eficientes de trabajo interdisciplinario con objetivos precisos y plazos ajustados de resolución; mantener buen nivel de comunicación con la sociedad, la justicia y las víctimas, y trabajar en base a estándares internacionales –en muchos casos definiéndolos– con controles y chequeos internos”.

Hasta ahora, se realizaron dos mesas interdisciplinarias de Investigación Criminal para fomentar el intercambio entre los investigadores y el sector judicial. También se desarrollaron “actividades científicas relacionadas con el estudio estadístico utilizando redes complejas para analizar los hallazgos del Pozo de Vargas, el empleo de georadares y el análisis de radioisótopos”.

Antropología Forense en el Nordeste

A fines de 2018 se creó en la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) el Gabinete de Antropología Forense del Nordeste Argentino (GAFNEA), dependiente del Instituto de Ciencias Criminalísticas y Criminología (ICCC). Las capacitaciones con el EAAF habían comenzado tres años antes, en el marco de un proyecto de extensión.

“Empezamos haciendo talleres teóricos con profesionales del EAAF y después la consecuente práctica en terreno. A partir de esas instancias de capacitación se fue gestando esta idea de formar un grupo más formal”, recordó en diálogo con este Suplemento el coordinador General del GAFNEA y magíster en Metodología de la Investigación Científica, Sebastián Streuli.

La idea de crear un equipo de alumnos avanzados y graduados que trabajara “de manera solidaria con el EAAF” surgió a partir de la iniciativa de Marisa Sanauria, integrante de la unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía Federal de Corrientes. “Fue ella quien se acercó a la carrera de Criminalística con la intención de desarrollar actividades primarias en la investigación, ante la gran demanda que tiene el EAAF a nivel internacional”, detalló Streuli.

En la actualidad, del GAFNEA participan estudiantes avanzados y egresados del ICCC y de las facultades de Humanidades, Medicina, Derecho y Ciencias Sociales y Políticas, y Ciencias Exactas. En tanto, su Consejo Consultivo está integrado por cinco representantes de esas unidades académicas y uno del CONICET.

Desde 2015, el equipo de la UNNE participó en tareas de búsqueda en las localidades de Empedrado, Bella Vista, Lavalle, Goya, Mercedes, Paso de los Libres y Corrientes. En el caso del cementerio de Empedrado, apuntó el coordinador, “se encontraron tres personas desaparecidas”. Allí, las tareas consistieron en un relevamiento planimétrico y documental del cementerio para conformar “un mapa de cómo se fue moviendo el cementerio a través de los años”. Más adelante, el entrecruzamiento con testimonios, documentos y actas de defunción permitió a los especialistas “detectar puntos de interés para poder realizar nuevas excavaciones”. Luego, la modalidad se replicó en otras necrópolis.

Además de la formación profesional, el docente investigador de la UNNE sostuvo que este este tipo de experiencias significan un crecimiento para el grupo y resaltó el “compromiso y profesionalismo” de los alumnos ante una tarea que contribuye “a que las familias puedan cerrar el duelo”.

Genética, Derechos Humanos y Sociedad

En 2019 la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) abrió la Especialización en Genética, Derechos Humanos y Sociedad, bajo la dirección del genetista Víctor Penchaszadeh. La propuesta encuentra en la larga trayectoria nacional e internacional de Penchaszadeh –uno de los principales promotores del “índice de abuelidad”, miembro fundador y actual presidente de la Red Latinoamericana y del Caribe de Bioética UNESCO e integrante de diversos organismos no gubernamentales de derechos humanos– un pilar fundamental para su desarrollo.

Penchaszadeh subrayó que “la genética tiene una fuerte historia en nuestro país, distribuida en numerosas universidades e instituciones, con investigadores de primera línea e importante presencia internacional”. Y enfatizó: “La tragedia del terrorismo de Estado de 1976-1983, entre cuyas numerosas aberraciones y violaciones de derechos humanos se contaron el robo de bebés y la supresión de su identidad, nos otorgó el triste privilegio de haber sido pioneros en la aplicación de la identificación genética para la defensa del derecho a la identidad”.

“Además del derecho a la identidad –advirtió–, no debemos olvidar que entre los derechos humanos que debe defender la genética están el derecho a la salud, el derecho a la no discriminación y estigmatización, el derecho a la privacidad de nuestra información genética y muchos otros.”

Ese vínculo de la genética con los derechos humanos se traduce en el protagonismo que la labor del EAAF y del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) tiene en el posgrado. Mariana Selva, del EAAF, y Mariana Herrera, directora del BNDG, son las coordinadoras de la cátedra de Antropología y Genética Forense, una propuesta que parte del origen y el porqué de estas dos instituciones en el país para luego abordar las herramientas técnicas y teóricas que ambas disciplinas aportan en materia de identificación.

De carácter interdisciplinario, la especialización está concebida para ser cursada por cientistas sociales, médicos, biólogos, bioquímicos, psicólogos y antropólogos, entre otros profesionales. Por eso, durante el primer cuatrimestre el programa “hace énfasis en la nivelación de conocimientos básicos para facilitar la comprensión y el diálogo entre quienes provienen de diferentes campos”.

Los tres ejes de la especialización se articulan a lo largo de cuatro semestres en doce asignaturas interdisciplinarias (Derechos Humanos, Derecho a la Salud, Complejo Médico-Industrial-Financiero, Genética Molecular y Genética Humana, Eugenesia, Bioética, Salud Mental, Genética Reproductiva, Género y Ciudadanía Sexual, Antropología y Genética Forense y Derecho a la Identidad, y Bases de Datos Genéticos) que se entrelazan con dos asignaturas transversales (Ciencias Sociales y Políticas Públicas). De este modo, se busca “asegurar la interdisciplinaridad” y “centrar el estudio en lo que ocurre en la sociedad”.

En ese sentido, Penchaszadeh aseguró que el posgrado “aporta una visión del ser humano en la que todas sus características son el resultado de la interacción permanente de influencias genéticas y ambientales a lo largo de la vida, de manera dialéctica y no divisible en contribuciones ‘separadas’”.

Y consideró que la genética, como toda ciencia, “debe servir a la sociedad” y que “los profesionales de todas las disciplinas deben estar capacitados para examinar en qué medida eso se cumple. De esta manera, estaremos contribuyendo al tan mentado (y necesario) compromiso social de profesionales y científicos”.

Publicado en Página 12, Suplemento Universidad. 12-12-2019.